Cuando Nietzsche le habla a su sombra diciéndole que la música de su tiempo envuelve el pobre espíritu del hombre moderno y aletarga sus sentidos para que así no pueda pensar, opinar o discutir; me viene a la mente lo que ocurre precisamente hoy. Los tiempos no cambian y la Historia se repite. Para matar el aburrimiento y evitar que el cerebro trabaje demasiado, intentan anestesiarnos con eventos intensos y con sensaciones ampulosas.
La música la encorsetan en Festivales multitudinarios repletos de niñas monas y oídos opacos; al Cine lo disfrazan con el mareante 3D (dijo alguna vez Woody Allen que el cine norteamericano no está hecho para "adultos pensantes". Quizá sea excesivo, pero al menos, en parte, creo que no le falta razón); y el arte en general (el de los museos) nos lo quieren meter como si estuviéramos visitando un supermercado. Por eso, hace mucho que no los visito:
1º. Porque me provocan un choque anafiláctico, como cuando entro en un centro comercial
2º. Porque el arte que ahí exhiben en realidad me importa un carajo (pero esto último no lo puedo decir en alto, no me vayan a fustigar los de recta conciencia).
Un día, el Pretor de la República de Anatolia me notificó que la naturaleza de la materia está cuantizada ( según la teoría del átomo de Bohr), y que según él ( el Pretor ), la música no cumple ese precepto. Puede haber muchas frecuencias de sonido que no están dentro de las proporciones áureas que se pueden utilizar perfectamente para crear música que sea audible.Eso es lo que pensé cuando estuve viendo actuar a Pascal Comenade & la Bel Canto Orchestra en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Utilizaban instrumentos no convencionales, como una cafetera con agua, pajitas de absorber líquidos, una sierra rozada con un arco de violin....entre otras muchas cosas ( porque tenían una mesa entera llena de trastos) para conseguir sonidos excitantes, curiosos y sugerentes. En resumen fue una velada atractiva y es una actuación que llama la atención y que merece la pena ver. Es una pena que salgan tan poco de la Galaxia Mallorca y que no aterricen más veces en la Galaxia de la Península Ibérica, porque musicalmente hablando, por desgracia, están a años luz una de otra.
Todos estos razonamientos hacen que me reafirme en mi postura de que los sonidos y los conceptos arindododianos ( descargar en www.arintonadodo.com) deberían interaccionar con las neuronas dormidas (espero que se consiga, al menos parcialmente, este objetivo) y moverse por zonas ajenas a la música y el arte establecidos y promovidos por las "auténticas almas musicales": poderosos, ortodoxos y académicos; esos que intentan embriagar a las mentes (incluidas las inquietas) y así, dominar y manipular a sus anchas.
Atentamente
J.G. Entonado & Arín Dodó
martes, 15 de junio de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
Arín Dodó Puro
Arín Dodó Puro es una nueva facción del colectivo Arín Dodó. Es un grupo de músicos interesados por la improvisación casi total, produciendo, por tanto, sonidos en los que aparecen armonías fortuitas, o simplemente, hay ausencia de las mismas. En cada sesión se dejan llevar por los instintos primarios y por la situación del momento. Al parecer, sólo les interesa el timbre y el ritmo. Si tienen interés, pueden visitar la web http://www.arindodopuro.es/ y descargar unas grabaciones hechas sobre la marcha, improvisadas y al aire. Propuesta interesante la de éstos tipos, y más que puede llegar a ser si consiguen montar el espectáculo de música, pintura y danza que están intentando crear actualmente. Si hay suerte se podrá ver en Espacio Temporal el próximo 25 de mayo.
Reivaj Zelaznog
Reivaj Zelaznog
lunes, 10 de mayo de 2010
Violeta y el Blues
Violeta calma sus furias paranoicas con Blues.
Un caso curioso es el de aquella noche de primavera que salió al balcón con su pijama a ver las estrellas escondidas tras la espesa capa de contaminación de la ciudad, pero enfureció cuando notó que el único brillo de la noche era el de las farolas de la calle.
Corrió a su habitación y encendió el tocadiscos tan pronto como sus dedos le permitieron, se puso de espaldas a la ventana y se sentó en el suelo.
Sonaba Van Morrison con su Goldfish bowl y no pudo sino sentirse como un pequeño pez atrapado en una pecera donde la vida suponía únicamente limitarse a respirar y cerrar los ojos por las noches, como si todo fuese un trance.
Después de Goldfish bowl vino Moondance, que la llevó a pensar en lo cremosa que parecía la luna colgada en una bóveda oscura. Luego vino Soul para peinarle el alma alisándole su furia, y después Brown eyed girl, que le recordó que sus ojos pudiesen parecerle preciosos a alguien de ahí fuera. Finalmente llegó Tom Jones, que acompañó a Van en Sometimes we cry, haciéndole caer en la cuenta de que llorar a veces era un modo de sentirse humana.
Entonces, antes de quedarse dormida en el suelo, sólo le dio tiempo a pensar que la ciudad igual no era como se reflejaba en su furia paranoica, ni tan fantástica como cuando aterrizó en ella, sino que a veces tenía que asustarla un poco para que los buenos momentos pareciesen mejores.
Un caso curioso es el de aquella noche de primavera que salió al balcón con su pijama a ver las estrellas escondidas tras la espesa capa de contaminación de la ciudad, pero enfureció cuando notó que el único brillo de la noche era el de las farolas de la calle.
Corrió a su habitación y encendió el tocadiscos tan pronto como sus dedos le permitieron, se puso de espaldas a la ventana y se sentó en el suelo.
Sonaba Van Morrison con su Goldfish bowl y no pudo sino sentirse como un pequeño pez atrapado en una pecera donde la vida suponía únicamente limitarse a respirar y cerrar los ojos por las noches, como si todo fuese un trance.
Después de Goldfish bowl vino Moondance, que la llevó a pensar en lo cremosa que parecía la luna colgada en una bóveda oscura. Luego vino Soul para peinarle el alma alisándole su furia, y después Brown eyed girl, que le recordó que sus ojos pudiesen parecerle preciosos a alguien de ahí fuera. Finalmente llegó Tom Jones, que acompañó a Van en Sometimes we cry, haciéndole caer en la cuenta de que llorar a veces era un modo de sentirse humana.
Entonces, antes de quedarse dormida en el suelo, sólo le dio tiempo a pensar que la ciudad igual no era como se reflejaba en su furia paranoica, ni tan fantástica como cuando aterrizó en ella, sino que a veces tenía que asustarla un poco para que los buenos momentos pareciesen mejores.
Estefanía Ramos
jueves, 6 de mayo de 2010
Sábado, 7 de Noviembre
Llegamos.
- C'est comme L'Auberge espagnol.
- J'espère.
Hay más de 30 chicas y unos 5 chicos. La mayoría son francesas, parisinas, vestidas de negro, como siempre. Muy elegantes. También llevan jerséis a rayas: blancas, y claro, negras. Muy elegantes. Sí que saben, ellas.
(De ahora en adelante, allá donde vaya, esperaré encontrarme con esas proporciones: 5 chicas y un chico. Será mi ilusión erótica).
De lo que pasó después no me acuerdo. Recuerdo un cuarto oscuro y la luz encendida de repente.
Fue duro, hubo que salir.
- Tu habites oú donc?
- Chez mes parents.
Saco el móvil para pedirle su teléfono. Me lo coge sin que yo le diga nada. Mi francés no es tan malo. Podía haber esperado a que le preguntara su teléfono. Es guapa, pero violenta. Me apunta finalmente el número de su teléfono en mi móvil. Me dijo que la llamara. Aún no sé si el número de teléfono es el real. No sé si lo sabré.
Llaman a la puerta los vecinos. Dicen lo de siempre. Eso es igual en todas las ciudades burguesas del mundo. Hay que salir (menos mal; no tenía ganas de quedarme).
Antes de irme echo un vistazo a la habitación en donde estaba la música puesta. Está bailando con otro. Tengo que entrar a la habitación para decirle a un amigo que nos vamos. Como un miserable, paso delante de ella. Me mira:
- Ne t'inquiète pas, c'est mon cousin.
Se me viene entonces a la cabeza La Caja del Diablo de Los Planetas. No sé si por las ganas de follármela o por lo del incesto.
Salgo de la casa y sé que voy a tener resaca al levantarme. Hay que buscar algo para volverse. Quiero llegar a casa rápido para terminar lo que ella no ha hecho. Me cojo un taxi. Lo comparto con un amigo.
Las sensaciones son malas. Uno no sabe si ser un miserable o un ingenuo, es lo mismo.
Yo creo que el número de teléfono es el real, pero no me atrevo a comprobarlo.
MSP
jueves, 29 de abril de 2010
En busca del Aura perdida
He leído por ahí que Adorno y Horkheimer son los cabecillas de la industria cultural. Dicen que el arte ha muerto desde el momento en que puede reproducirse, y que en cuanto se contemplan copias y no originales se pierde el aura, y que por tanto, el arte muere.
Walter Benjamín está con los de la industria cultural y dice que el aura se pierde con la reproductividad; en la época de la reproducción técnica se atrofia el aura de la obra de arte.
Al multiplicarse las reproducciones se sustituye la presencia irrepetible de la obra por la repetición y su perduración por la fugacidad (supongo que todos estos términos estarán relacionados con la posible vulgarización de la obra…esto, al menos es lo que escribe Aldous Huxley).
Según todo esto, el aura está relacionado con la unicidad de la obra. El original de una obra es, por tanto, único.
Me imagino que esto estará bien aplicado para la arquitectura, la escultura y la pintura.
Más tarde he leído alguna cosa de un tal Paul Valéry diciendo que “es preciso contar con novedades que transformen toda la técnica de las artes, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma del arte”.
Bien, agarrándome a esta última frase me pregunto si se puede aplicar lo expuesto por Adorno, Horkheimer y Benjamín a otras artes como el cine; como la música.
Personalmente (y admito que mi gusto no es muy común) disfruto más con la música grabada que con la música en vivo. La tranquilidad y la capacidad para darte cuenta de los matices la encuentro escuchando música con auriculares sentado en mi casa o dando un paseo o en cualquier otro sitio indeterminado. No tiene porqué ser una sala de concierto o un magnífico salón de envidiables condiciones.
La música grabada para mi carece de la fugacidad que tiene la música en vivo, es perdurable, y puede ser, en cada escucha, irrepetible (puesto que esa escucha depende de muchos factores).
En resumen, la música grabada debe tener aura. La época de la reproducción técnica le ha proporcionado eso, le ha dotado de perdurabilidad.
Bajo mi punto de vista se ha modificado ya la noción misma del arte en general, y la de este arte, la música, en particular.
También creo que ha cambiado la noción del concepto de “músico”. Gracias a la ayuda de las nuevas técnicas de grabación ha cambiado la idea tradicional que se tenía de música. Ya lo dejaron claro los Beatles cuando prefirieron encerrarse en el estudio de grabación a hacer conciertos en directo y crear discos como el Sgt. Peppers o canciones como Tomorrow Never Knows. Es más, ahora el hacer música está al alcance de la mayoría. Ya no sólo tiene aura la música en directo y quien la interpreta; el aura la puedes encontrar en cualquier sitio con unos auriculares , ya que ni el espacio ni el tiempo son lo que han venido siendo desde siempre, y puedes hacer que el aura salga de su escondite grabando en cualquier lugar, con medios mínimos y en condiciones mínimas. ¿ No desarrolló Einstein la Teoría de la Relatividad en un cuartucho de una oficina postal?. O no se qué poeta del Renacimiento ( ahora no me acuerdo quien era, creo que Fray Luis de León), ¿no creó una de sus obras poéticas claves en la cárcel?.
Así que, si las musas pueden transitar por cualquier espacio y cualquier situación; el aura se debe mantener (al menos en la música y el cine) con cualquier formato.
Bien… opinen ustedes.
Walter Benjamín está con los de la industria cultural y dice que el aura se pierde con la reproductividad; en la época de la reproducción técnica se atrofia el aura de la obra de arte.
Al multiplicarse las reproducciones se sustituye la presencia irrepetible de la obra por la repetición y su perduración por la fugacidad (supongo que todos estos términos estarán relacionados con la posible vulgarización de la obra…esto, al menos es lo que escribe Aldous Huxley).
Según todo esto, el aura está relacionado con la unicidad de la obra. El original de una obra es, por tanto, único.
Me imagino que esto estará bien aplicado para la arquitectura, la escultura y la pintura.
Más tarde he leído alguna cosa de un tal Paul Valéry diciendo que “es preciso contar con novedades que transformen toda la técnica de las artes, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma del arte”.
Bien, agarrándome a esta última frase me pregunto si se puede aplicar lo expuesto por Adorno, Horkheimer y Benjamín a otras artes como el cine; como la música.
Personalmente (y admito que mi gusto no es muy común) disfruto más con la música grabada que con la música en vivo. La tranquilidad y la capacidad para darte cuenta de los matices la encuentro escuchando música con auriculares sentado en mi casa o dando un paseo o en cualquier otro sitio indeterminado. No tiene porqué ser una sala de concierto o un magnífico salón de envidiables condiciones.
La música grabada para mi carece de la fugacidad que tiene la música en vivo, es perdurable, y puede ser, en cada escucha, irrepetible (puesto que esa escucha depende de muchos factores).
En resumen, la música grabada debe tener aura. La época de la reproducción técnica le ha proporcionado eso, le ha dotado de perdurabilidad.
Bajo mi punto de vista se ha modificado ya la noción misma del arte en general, y la de este arte, la música, en particular.
También creo que ha cambiado la noción del concepto de “músico”. Gracias a la ayuda de las nuevas técnicas de grabación ha cambiado la idea tradicional que se tenía de música. Ya lo dejaron claro los Beatles cuando prefirieron encerrarse en el estudio de grabación a hacer conciertos en directo y crear discos como el Sgt. Peppers o canciones como Tomorrow Never Knows. Es más, ahora el hacer música está al alcance de la mayoría. Ya no sólo tiene aura la música en directo y quien la interpreta; el aura la puedes encontrar en cualquier sitio con unos auriculares , ya que ni el espacio ni el tiempo son lo que han venido siendo desde siempre, y puedes hacer que el aura salga de su escondite grabando en cualquier lugar, con medios mínimos y en condiciones mínimas. ¿ No desarrolló Einstein la Teoría de la Relatividad en un cuartucho de una oficina postal?. O no se qué poeta del Renacimiento ( ahora no me acuerdo quien era, creo que Fray Luis de León), ¿no creó una de sus obras poéticas claves en la cárcel?.
Así que, si las musas pueden transitar por cualquier espacio y cualquier situación; el aura se debe mantener (al menos en la música y el cine) con cualquier formato.
Bien… opinen ustedes.
Atentamente
Arín Dodó
lunes, 26 de abril de 2010
De Poliedro Kobold y Arín Dodó
Ya he dicho muchas veces que Poliedro Kobold fue el germen del actual Arín Dodó. El Poliedro hacía música rock decían, entre garage e indie... o al menos eso comentaron de la primera maqueta del grupo (Kobold 1) en el programa de Jose María Rey, "Bulevar", cuando emitieron el tema "Numbers" (se puede descargar la maqueta completa y la emisión de Radio 3 en arintonadodo.com, en las secciones de Música y Radio, respectivamente). "Numbers" es un tema directo, inmediato, sin solos de instrumentos, precisamente para reforzar la sensación de inmediatez y de simplicidad buscada por ese colectivo. Hay entradas y salidas de acoples de guitarra en un momento dado, que entran por un lado del oído y se van hacia el otro (se aprecia mejor con Auriculares), como en un partido de tenis, no hay armonía de ningún tipo en esos momentos y también se oye un piano que no parece estar de acuerdo con los otros instrumentos... y la voz, diciendo números sin cesar. "La letra y el significado de las palabras no importa", aúllaban los Kobold, "sólo interesa la fonética de esas palabras, el sonido de las mismas acompañando a la parte musical". "El mensaje y demás pamplinas son efectos extramusicales que pueden despistar al oyente y adulterar la audición". Dadaísmo directo e inmediato, tal y como dijeron en Radio 3.
Estas ideas se repiten en otros temas de esa obra: I Like It (con un solo de guitarra grabado al revés con un slide, pero sin relación ninguna con los acordes que van de fondo), Away ( con un efecto de guitarra grabado analógicamente y cambiando el pitch de la cinta. Parece que hay un tornado en esa última parte del tema); o White Light, con un piano aporreado; o Waiting, con dos saxos contrapuestos...
En definitiva, si comparan este trabajo con los más recientes de Arín Dodó, por ejemplo, "Lección magistral impartida por el Pretor de la República de Anatolia", o "Doce maneras de evitar a un idiota"; aparentemente y formalmente pueden parecer totalmente distintos, debido a que los instrumentos ya son acústicos (chello, contrabajo, trompeta...), y el ritmo ya no es frenético, es bastante lento, y la voz en apariencia, está serena; pero con una escucha más atenta y pausada, se pueden dar cuenta que los planteamientos son los mismos que los anteriores, pero más evolucionados, más drásticos y más radicales aún: ausencia total o casi de armonía, letras surrelistas y sin significado la mayoría de ellas. Diálogos sucintos de violencia y sudor; Los Designios del Señor no tienen valencia; La Diosa del Nepal; Coffen der Idioten son ejemplos claros de lo que estoy contando. No tienen armonías ni tonalidad clara, la voz y los textos se incluyen para darle forma al tema musical y en ellos aparecen ametralladoras en lugar de solos de instrumentos, trompetas que suenan a ventosidades espontáneas, discursos que parecen sacados del III Reich y contrabajos y percusiones que no siguen ningún patrón definido. La Diosa del Nepal, por ejemplo, se compuso a partir de tres fragmentos de varios acordes unidos totalmente sin ningún criterio; unidos por el azar objetivo (otra vez).
Lo mismo podría decirse de su "Rítmica y Tímbrica Infrahumana Lifasofioica"; aunque este tema dure 15 minutos, puede decirse que cumple con las ideas de minimalismo, simplicidad e incoherencia de los pioneros Kobold y de su progenie: Arín Dodó.
Bien, si alguien tiene ganas de adentrarse en los dominios de un autor desdichado, autónomo y exento de suerte que visite arintonadodo.com; y sino que espere a que la muerte le guiñe un ojo y le seduzca después.
Estas ideas se repiten en otros temas de esa obra: I Like It (con un solo de guitarra grabado al revés con un slide, pero sin relación ninguna con los acordes que van de fondo), Away ( con un efecto de guitarra grabado analógicamente y cambiando el pitch de la cinta. Parece que hay un tornado en esa última parte del tema); o White Light, con un piano aporreado; o Waiting, con dos saxos contrapuestos...
En definitiva, si comparan este trabajo con los más recientes de Arín Dodó, por ejemplo, "Lección magistral impartida por el Pretor de la República de Anatolia", o "Doce maneras de evitar a un idiota"; aparentemente y formalmente pueden parecer totalmente distintos, debido a que los instrumentos ya son acústicos (chello, contrabajo, trompeta...), y el ritmo ya no es frenético, es bastante lento, y la voz en apariencia, está serena; pero con una escucha más atenta y pausada, se pueden dar cuenta que los planteamientos son los mismos que los anteriores, pero más evolucionados, más drásticos y más radicales aún: ausencia total o casi de armonía, letras surrelistas y sin significado la mayoría de ellas. Diálogos sucintos de violencia y sudor; Los Designios del Señor no tienen valencia; La Diosa del Nepal; Coffen der Idioten son ejemplos claros de lo que estoy contando. No tienen armonías ni tonalidad clara, la voz y los textos se incluyen para darle forma al tema musical y en ellos aparecen ametralladoras en lugar de solos de instrumentos, trompetas que suenan a ventosidades espontáneas, discursos que parecen sacados del III Reich y contrabajos y percusiones que no siguen ningún patrón definido. La Diosa del Nepal, por ejemplo, se compuso a partir de tres fragmentos de varios acordes unidos totalmente sin ningún criterio; unidos por el azar objetivo (otra vez).
Lo mismo podría decirse de su "Rítmica y Tímbrica Infrahumana Lifasofioica"; aunque este tema dure 15 minutos, puede decirse que cumple con las ideas de minimalismo, simplicidad e incoherencia de los pioneros Kobold y de su progenie: Arín Dodó.
Bien, si alguien tiene ganas de adentrarse en los dominios de un autor desdichado, autónomo y exento de suerte que visite arintonadodo.com; y sino que espere a que la muerte le guiñe un ojo y le seduzca después.
viernes, 9 de abril de 2010
El macroorganismo que pensaba que Joy Division era un bocadillo de chorizo
La capacidad para sorprender de un niño es ilimitada; y si es un niñato mimado confabulado con mamá y papá, todavía más:
Jorgito Menéndez, magnífico ejemplar anacrónico de Primate Protohumano, clara muestra de la involución genética, campa a sus anchas por los dominios que le han cedido caprichosamente papi y mami. Berrea como un cuadrúpedo y mueve, como si fuera un péndulo y de lado a lado, cada vez que da un paso, el cubo que tiene por mollera; descomunal depósito, un faro encima de sus hombros.
Dentro de 10 años creerá que un batracio tiene alas cubiertas de plumas y aullará como un perro cada vez que se ría; enseñando los braquets que ajustan su imperfecta dentadura.
Les voy a contar una pequeña anécdota de sus genialidades, típico producto de la frustración de un esclavo con un mundo espiritual vacío al no poder conseguir sus objetivos materiales.
Entró en mi habitación. Ahí está mi equipo de música (para mí, una reliquia, me lo compré con mi primer sueldo, hace más de 20 años); estanterías llenas de discos de vinilo:
- De Velvet Underground, el del plátano amarillo de Andy Warhol en la portada. En ese disco hay temas como I'm waiting for the Man; Venus in Furs, que tiene la viola chirriante de John Cale, y la primera versión de Heroine (no tiene nada que ver con la que está en el R&R Animal de Lou Reed, pero no se con cuál de las dos me quedaría). No me puedo olvidar de Sunday Morning y la voz de Nico.
- The Teardrop Explodes; Kilimanjaro. Julian Cope está más "chota" que su amigo Ian McCulloch, de Echo & The Bunnymen, y eso se nota en Went Crazy o en Bouncing Babies.
- ... y mi joya particular: el CLOSER de Joy Division, colocado en un atril, y por desgracia, totalmente accesible a los caprichos del bárbaro.
Jorgito, ese cabezón, en un colérico arrebato, empezó a comérselo. Comenzó por el cartón. Esa carátula, que ya de por sí es una pieza valiosa. Cuentan que la fotografía que hay en ella (la del Santo Entierro), la propuso Ian Curtis antes de suicidarse. Ese fue su testamento. Ya ven, arte en estado puro y hasta sus últimas consecuencias. El arte y la vida se fusionaron para que disfrutásemos con el sentido del oído, no con el del gusto. Pero esa diferencia no la pudo detectar el antecesor del T. Rex (no cometan el error de confundirlo con el grupo de Marc Bolan, !! Dios nos libre !!)
Mamaíta me pidió que lo disculpara porque al parecer estaba muy agobiado y nervioso últimamente, mientras él emitia eructos que sonaban como la guitarra de Bernard Albrecht al principio de No Love Lost, o en Failures; y los repetía, periódica y ritmicamente, como el bajo de Peter Hook en Transmission. El único pensamiento que me vino a la cabeza en ese momento fue una de las últimas escenas de Control, cuando les dijeron que Ian Curtis se había ahorcado, mientras suena la música de Atmosphere.
En fin...Jorgito es un organismo tan poco evolucionado que fue capaz de digerir el vinilo, igual que las arqueobacterias devoradoras de petróleo; las mismas que se utilizan para degradar por biorremediación las manchas de ese combustible en el mar.
En cuanto a mí, sin ese disco, mi vida ya no tiene sentido; sólo me queda cambiar de rumbo, así que me presentaré a unas oposiciones para cartero.
Atentamente
Arín Dodó
Jorgito Menéndez, magnífico ejemplar anacrónico de Primate Protohumano, clara muestra de la involución genética, campa a sus anchas por los dominios que le han cedido caprichosamente papi y mami. Berrea como un cuadrúpedo y mueve, como si fuera un péndulo y de lado a lado, cada vez que da un paso, el cubo que tiene por mollera; descomunal depósito, un faro encima de sus hombros.
Dentro de 10 años creerá que un batracio tiene alas cubiertas de plumas y aullará como un perro cada vez que se ría; enseñando los braquets que ajustan su imperfecta dentadura.
Les voy a contar una pequeña anécdota de sus genialidades, típico producto de la frustración de un esclavo con un mundo espiritual vacío al no poder conseguir sus objetivos materiales.
Entró en mi habitación. Ahí está mi equipo de música (para mí, una reliquia, me lo compré con mi primer sueldo, hace más de 20 años); estanterías llenas de discos de vinilo:
- De Velvet Underground, el del plátano amarillo de Andy Warhol en la portada. En ese disco hay temas como I'm waiting for the Man; Venus in Furs, que tiene la viola chirriante de John Cale, y la primera versión de Heroine (no tiene nada que ver con la que está en el R&R Animal de Lou Reed, pero no se con cuál de las dos me quedaría). No me puedo olvidar de Sunday Morning y la voz de Nico.
- The Teardrop Explodes; Kilimanjaro. Julian Cope está más "chota" que su amigo Ian McCulloch, de Echo & The Bunnymen, y eso se nota en Went Crazy o en Bouncing Babies.
- ... y mi joya particular: el CLOSER de Joy Division, colocado en un atril, y por desgracia, totalmente accesible a los caprichos del bárbaro.
Jorgito, ese cabezón, en un colérico arrebato, empezó a comérselo. Comenzó por el cartón. Esa carátula, que ya de por sí es una pieza valiosa. Cuentan que la fotografía que hay en ella (la del Santo Entierro), la propuso Ian Curtis antes de suicidarse. Ese fue su testamento. Ya ven, arte en estado puro y hasta sus últimas consecuencias. El arte y la vida se fusionaron para que disfrutásemos con el sentido del oído, no con el del gusto. Pero esa diferencia no la pudo detectar el antecesor del T. Rex (no cometan el error de confundirlo con el grupo de Marc Bolan, !! Dios nos libre !!)
Mamaíta me pidió que lo disculpara porque al parecer estaba muy agobiado y nervioso últimamente, mientras él emitia eructos que sonaban como la guitarra de Bernard Albrecht al principio de No Love Lost, o en Failures; y los repetía, periódica y ritmicamente, como el bajo de Peter Hook en Transmission. El único pensamiento que me vino a la cabeza en ese momento fue una de las últimas escenas de Control, cuando les dijeron que Ian Curtis se había ahorcado, mientras suena la música de Atmosphere.
En fin...Jorgito es un organismo tan poco evolucionado que fue capaz de digerir el vinilo, igual que las arqueobacterias devoradoras de petróleo; las mismas que se utilizan para degradar por biorremediación las manchas de ese combustible en el mar.
En cuanto a mí, sin ese disco, mi vida ya no tiene sentido; sólo me queda cambiar de rumbo, así que me presentaré a unas oposiciones para cartero.
Atentamente
Arín Dodó
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